Naces, como plegaria, entre campanas
al abrigo de peñas encendidas.
Habitan aves en tu monasterio
de vegetal frescura.
Los hombres, desde abajo contemplamos
tu corazón de roca y nos da miedo
tu equilibrio de ciervo en desafío.
Ignoramos los hombres que eres árbol
con vocación de altura:
si tu pie se desprende, quedará
el abrazo del aire sosteniendo
tu oración vegetal perennemente.
Perennemente, así, perennemente
quiero vivir soñando y escribiendo
versos audaces de color de otoño
para ser primavera ilimitada.
