Sube la Virgen como flor hermosa
a la cita feliz del Novenario.
La Catedral se torna relicario
de amor filial desde la fe dichosa.
Segovia se despierta primorosa
en juventud que llena el santuario.
La Madre, junto al Hijo en el Sagrario,
abre su corazón más que la rosa.
Todo es paz que sosiega y transfigura
el agitado caminar del hombre
roto de ser deshabitada isla.
Ofrece Dios su cálida ternura
en cauce maternal que se hace nombre:
Señora de Segovia. La Fuencisla.
