Yo escucho su silencio y me estremezco
pensando en tu silencio, Dios, tan hondo
cuando juegas ausencia en la sangre.
Quienes somos pequeños y sentimos
frío en los huesos cuando Tú te callas,
¿cómo vivir, Señor, en tu silencio?
¿cómo encender el gozo de las flores
sin tu palabra en pétalos disuelta?
Tú te callas, Señor, y se envejece
el corazón del hombre,
impregna el desamparo sus entrañas
y se desmaya un niño.
¿Por qué Te callas, Dios, por qué nos dejas
en el invierno de la vida solos?
Tu silencio, Señor, es el misterio
que más duele a los niños. Tú dijiste
que, si no somos niños, no cabemos
en el hogar de tu Palabra. Rompe
tu mano de silencio y en la sangre
pronunciaremos Padre y viviremos.