30/9/23

PALABRA DE LA FUENTE

 




Tal vez me acunas como a niño tierno

con manos vegetales y maternas.

Hoy tu canción estaba en la sonrisa

de una fuente pequeña y coronada

de humilde perifollo.

 

La misma fuente donde refrescaste

mi adolescencia sin fronteras grises.

Tú me hablas, Señor, yo lo confieso.

Confieso que me hablas cuando sufro.

Confieso que me hablas cuando canto.

Confieso que me hablas cuando rezo.

Confieso que me hablas cuando sueño.

Confieso que al pecar, me estás hablando

con ojos tristes como niño enfermo:

y dejo de pecar para curarte

y sonríes de nuevo.

 

Tu palabra es tan pura que confieso

haberla roto, a veces, sin saberlo.

Aquella fuente sola en la montaña

sin insectos, sin algas y sin cieno,

de cuya realidad dudé un momento

hasta beber en ella mi silencio.

Es tu palabra limpia y coronada

de humilde perifollo siempre nuevo.

Habla, Señor, no escondas tu palabra

a este niño que escucha casi ardiendo.