Como una madre cubre con sus brazos
de sombra vegetal la vieja olma
de la plaza del pueblo.
Juegan los niños, los ancianos niños,
los jóvenes encienden amapolas
y los maduros, surcos.
Todo a la sombra de la vieja olma.
Y la olma callada y maternal
como Tú, Padre Dios, sin que sintamos
el abrazo invisible de tu sombra.
Hoy, junto al viejo árbol, yo te siento
y te llamo Abba-Padre y soy distinto
de cuando estaba solo y sin hermanos.
No me duele la luz cuando me invita
a encender primaveras en mis ojos.
Culmina en mi tu nombre, digo “Padre”
y siento filiación en las entrañas.
Digo “Padre” y soy hombre, criatura
creadora contigo. Vamos juntos:
yo fruto de tu Amor, Tú pleno árbol
con raíces en Ti, Vida en origen.
Digo “Padre” y enuncio eternidades
envío hogar con dimensiones plenas.
Digo “Padre” y soy dios en miniatura.