Cuando Te nombro, Dios, en
esta tierra
de surcos metafísicos que
rezan,
siento, Señor, que vives y
roturas
mi pobre tierra erguida.
Siento, en la noche de mi
carne, estrellas
y soy, tengo sentido
cuando Te nombro, Dios, en esta tierra.
Hay nombres que germinan
amapolas
y nombres que describen
esencias;
hay nombres que se pierden
en la arena
y nombres que dibujan los
caminos;
pero se cansan de vivir
los nombres
sin Tu Nombre, Señor, se
desvanecen
de frío hacia la nada.
Yo Te nombro, Señor, y soy
un niño
feliz en el misterio de la
vida.
Te nombro y soy un hombre
que traduce
el lenguaje del sol; Te
nombro y no soy piedra,
ni gusano, ni pájaro
siquiera.
Te nombro y yo soy palabra
de los seres
que empiezan a vivir
cuando Te nombro
sobre la piel austera de
Segovia.
