Gracias, Señor, me hablas confidente
y desbordas mi ser de criatura.
Escucharé tu voz con alma pura.
Beberé de las aguas de tu fuente.
Pequeño soy, Señor, pero mi suerte
si no remonta tu divina altura,
explicará, sencilla, la ternura
de tu vida de Padre Providente.
Sé que me quieres, Dios, y que derramas
sencillamente sobre mi tu gracia
para hacer mi existencia positiva.
Quiero escuchar tu voz cuando me llamas.
Quiero sentir la sombra de tu acacia.
Quiero encender en mi tu llama viva.