El mundo estaba roto, se lloraba en pedazos
como jarra de loza bruscamente caída.
Los ríos ansiaban la luz de las estrellas
por si alguna sonrisa llegaba hasta sus aguas.
Dolía el gran silencio impregnado en los seres
carentes de sentido y llenos de preguntas.
Necesitaban vida latiendo en sus entrañas
y aires disciplinados barriendo sus escombros.
Entonces, Tú llegaste, te moriste por dentro
y murió la gran muerte de los seres llagados.
Recreaste luceros, palomas, mariposas…
Y otra vez la esperanza elevó las montañas.
