8/10/20

MONUMENTOS


MONASTERIO CISTERCIENSE DE SANTA MARÍA Y SAN VICENTE EL REAL DE SEGOVIA

 
Hablan tus piedras con palabra mansa
como si fueras alma de la historia.
Arcos, ladrillos, torres, celosías
te convierten en cálido cobijo
de tiempos entrañables y remotos.

Salvas tú sus latidos, sus poemas,
los sayales de vírgenes acordes
con tu robusto corazón de piedra.

Y sigues vivo porque todavía
pasean por tus claustros y tu huerta
lámparas vivas de almas entregadas
a ser salterio y alabanza pura.


Incluso los vencejos y gorriones
hallan la paz en ti y en tus grietas
hacen su nido, habitan tu reposo.

También yo noto tu latido tierno,
tu corazón robusto y habitado.

Tú me das de comer ese silencio
que serena mis lagos agitados
por el ruido incesante de este siglo.

Tú me elevas a Dios en la plegaria
cuando cantan tus monjas gratitudes.

Tú me alegras con ritmo gregoriano
en aleluyas místicos de vuelo.
  
Tú me haces monje, me devuelves pura
la paz contemplativa que me alienta.

Tú restauras mi “yo”, me resucitas
a vivir el amor que nunca cesa.

Gracias, querido Monasterio viejo.
Beso tus piedras para dar alivio
a tu noble nostalgia maltratad.

Te declaro mi hogar, mi nido tierno,
el espacio que habita mi esperanza.

Persevera salvando corazones
de Monjas Cistercienses, llamas blancas
en la noche del mundo derrumbado.

Persevera diciendo que no basta
la materia sin alma y sin entrañas.

Persevera gritando que la vida
sólo es vida si Dios está presente.

(Hospedería del Monasterio 17 - Junio -1986)

(A las M.M. Cistercienses de Santa María y San Vicente el Real de Segovia con mi mejor amistad)