CONFÍO EN TI, SEÑOR
sobre mi barca de madera leve.
Tú no dejas que el viento se la lleve
al fondo de este mar enfebrecido.
No te despierto porque tu latido
derrama paz sobre mi carne breve.
El asedio de sombras no se atreve
con tu gozo en mi sangre florecido.
Confío en Ti, Señor, como los lirios
vestidos por el Padre Providente
que no sufren temblores de impaciencia.
Mis manos y mis ojos serán cirios
para cuidar tu sueño tiernamente
porque me fío, AMOR, de tu presencia.
