YA SOY TUYA
Ya soy tuya, Jesús. Perpetuamente
viviré para Ti como tu esposa.
He aprendido el aroma de la rosa
y el beso de la sangre confidente.
Mi corazón entero se convierte
en tus manos de Dios. Seré dichosa
poniendo luz y amor en cada cosa
con gozo de plegaria sonriente.
No me dejes huir en la tibieza
y nace cada instante, en mi pobreza
de gruta de Belén, junto a María.
Cobijada en la luz de tu Mirada,
tuya será mi vida consagrada
profesando de nuevo cada día.
