ANCIANO SIMEÓN
una canción de joven hermosura.
La noche en soledad de la amargura,
cuando se tiene a Dios, desaparece.
Si su carne de anciano se estremece
cansada de bregar en aventura,
no hay deterioro para el alma pura
que en la mano de Dios descansa y crece.
Simeón con Jesús y con María
pudo morir enfermo de alegría
como lirio bañado de relente.
Su fe, su caridad y su esperanza
hicieron de la muerte bella danza
resuelta en Luz de Vida y permanente.
