ENTREGA ACEPTADA
Me quedo en tu cariño prisionera.
Para Ti, mi Jesús, la primavera
de mi niñez y de mis amaneceres.
Soy pequeña, Señor; pero, si quieres,
puedes hacerme trigo de tu era
o amapola de sangre misionera
fundida con tu Cruz y tus quereres.
Soy toda tuya, enteramente tuya.
Y mi entrega declama el ¡aleluya!
de quererte y donarme en posesión.
Pediré a mi abuelita unos pasteles
que festejen mi entrega con las mieles
de la colmena de tu Corazón.
Y Jesús contestó: “Niña preciosa
hoy acepto los granos de tu espiga.
Te llamo por tu nombre. Eres mi “Amiga”,
María del Carmen, corazón de rosa.
Pronto vendrás conmigo a la dichosa
morada del Amor. Que no se diga
que, queriéndote tanto, no bendiga
tu vida con mi vida dolorosa.
Pero no tengas miedo, niña mía
que te daré mi Pan- Eucaristía
y el beso de mi Madre, tierno beso.
Hasta que crezca tanto tu sonrisa,
que vueles en las alas de la brisa
porque, de tanto amar, no tengas peso.
Y, a los 9 años, María del Carmen dejó de tener peso -murió-,
es decir, empezó la verdadera vida con su Amado Jesús.
¡Gracias, Señor, por esta bella flor que tan tempranamente
se hizo fruto maduro de cariño a Ti!

