PRESENTACIÓN
la luz de Dios hermosa y encarnada.
Tú, con tu Hijo, Madre, presentada
en virginal y maternal entrega.
La fe de Simeón gozosa ruega
recibir en su mano demacrada
la Luz del mundo, fuerza consumada
contra la noche que nos cubre y ciega.
Una espada cruel revolotea
en el aire del templo. Se recrea
clavando en tus entrañas agonía.
Abrazas a tu Hijo fuertemente
y le dices con gozo confidente:
“Duerme feliz, Hijo del alma mía”
