13/1/21

ATEÍSMO

POLVO DE ATEISMO


Hermanos ateos:

Es triste nuestra vida por el polvo.


No muchos los veis; pero hay polvo.

Lo respiráis en lenta asfixia

hacia la angustia.

Levantáis polvo sin deleite

como niños gitanos sin niñez.

Cultiváis el polvo.

Locos de polvo,

edificáis manicomios fáciles

para quienes no se resignan a morir

de polvo.

 

Yo, así, no me resigno a morir.

Yo, chispa diminuta en un fondo de montañas y cielo azul.

 

Yo, profeta de aire serrano por las venas,

tengo vocación de vivir.

Dejad que viva en el manicomio del sol, del aire inmortal,

de la fe.

 

Pero no seré una isla: no quiero escapar;

respiraré vuestro polvo tiniebla

por si mi chispa estrella

os nace. Tal vez su lágrima espontánea de luz…

 

Pero es de noche.

Me hiere vuestra noche voluntaria

de polvo.

Sobre todo por los niños  -¡tiernos pulmones condenados

a no nacer al aire limpio de la esperanza!-

Ellos, ¡qué han hecho? Decid.

No sujetéis su frágil impulso de alas

sólo porque vosotros tenéis el alma llagada

para el vuelo.


Sólo porque vosotros os creéis

sobre la luz.

¿Por qué? Decid, ¡por qué?

Ni siquiera la razón os lo puede dictar:

¿ qué es más razonable,

hacerse opacos de materia

inexplicablemente existente,

o iluminarse a la luz

explicablemente indefinible?

Ese polvo es el signo más claro

de raquitismo intelectual

o de cadáver que anda

a enmascarado latido de orgullo.

 

Por ellos.

Al menos, por ellos,

abrid vuestro corazón a su sangre

que está clamando

por sonreir al aire de Dios.  

 

(R. MATESANZ, Esta luz, Segovia 1969, 17-19)