POLVO DE ATEISMO
Es triste nuestra vida por el
polvo.
No muchos los veis; pero hay polvo.
Lo respiráis en lenta asfixia
hacia la angustia.
Levantáis polvo sin deleite
como niños gitanos sin niñez.
Cultiváis el polvo.
Locos de polvo,
edificáis manicomios fáciles
para quienes no se resignan a
morir
de polvo.
Yo, así, no me resigno a
morir.
Yo, chispa diminuta en un
fondo de montañas y cielo azul.
Yo, profeta de aire serrano
por las venas,
tengo vocación de vivir.
Dejad que viva en el
manicomio del sol, del aire inmortal,
de la fe.
Pero no seré una isla: no
quiero escapar;
respiraré vuestro polvo
tiniebla
por si mi chispa estrella
os nace. Tal vez su lágrima
espontánea de luz…
Pero es de noche.
Me hiere vuestra noche
voluntaria
de polvo.
Sobre todo por los niños -¡tiernos pulmones condenados
a no nacer al aire limpio de
la esperanza!-
Ellos, ¡qué han hecho? Decid.
No sujetéis su frágil impulso
de alas
sólo porque vosotros tenéis
el alma llagada
para el vuelo.
sobre la luz.
¿Por qué? Decid, ¡por qué?
Ni siquiera la razón os lo
puede dictar:
¿ qué es más razonable,
hacerse opacos de materia
inexplicablemente existente,
o iluminarse a la luz
explicablemente indefinible?
Ese polvo es el signo más
claro
de raquitismo intelectual
o de cadáver que anda
a enmascarado latido de
orgullo.
Por ellos.
Al menos, por ellos,
abrid vuestro corazón a su
sangre
que está clamando
por sonreir al aire de Dios.
(R. MATESANZ, Esta luz, Segovia 1969, 17-19)