MÁS ACERCA DEL POLVO
volando pardamente como tierra rebelde
a la azada que cava y germina su entraña.
Que nadie justifique penumbras en el alba:
el amor está escrito en el rostro del niño,
en la forma espontánea de una madre cualquiera,
en el surco que ofrece cimientos a la espiga,
en la senda campestre, en la hierba, en el árbol,
en la arena de playa que acaricia la piel.
Pero el amor se gana como la nieve alta,
como la esposa pura, como el hijo hecho hombre,
como el poema escrito sin pedir nada a cambio,
como el árbol que afirma la cierta primavera,
como el “sí” de los santos, sin límites de antojo.
Vosotros no ganásteis, perdísteis la batalla.
Basta ya de jactancia: la nada en equilibrio
es solamente polvo de sangre perezosa,
polvo muerto a lo vivo, vivo a todo lo muerto.
Polvo ateo, refugio de las fieras del alma
en donde las angustias alimentan su hambre,
los árboles se mueren de carencia de nidos
y de noches desnudas ahogándoles la savia.
Polvo ateo: tristeza grisácea por la sangre
que reseca el anhelo y mata la esperanza;
muralla de cemento que comprime la vida
hasta dejarla sola, desnuda junto al miedo;
atmósfera de plomo aliatando las voces
del amor que suplica nacer a nuestra esencia;
tierra de hombre nublando al sol de Dios-Amor.
(R. MATESANZ, Esta luz, Segovia 1969, 22 s.)