TOMÁS DE AQUINO
Como busca la cierva corrientes de agua viva,
te hiciste buscador con ansias de infinito.
Fuiste dejando espigas de pensamiento escrito.
Fuiste prendiendo llamas de luz contemplativa.
Quedó tu alama libre, y por amor, cautiva.
Quedó tu voz plantada en el árbol de un grito.
Tu liturgia de ave voló cálido rito
y alcanzaste la cumbre de la esperanza activa.
Tomás, tu luz de altura como la nieve ilesa
sigue barriendo escombros de sombra que no cesa
y sigue cimentando catedrales hermosas.
Lamparea en nosotros tu clara teología,
abriga corazones con tu sabiduría;
enciende el
paraíso de Dios entre las cosas.