en
honda oscuridad, se resignaron
a enmudecer las flores. Apagaron
las nubes y los aires encendidos.
Llegó un torrente de confusos ruidos
a las sienes del hombre. Se espantaron
sus pájaros del alma. Se tornaron
las nieves de su altura fríos gemidos.
En un delirio vertical y agudo
alzóse pertinaz contra el misterio.
Sangró el misterio de la luz quebrada.
Sangró su corazón y quedó mudo
para cantar su gozo de salterio.
Esclavo el Hombre se rindió a la nada.
