“Mirad los lirios del campo…”
quebrantando la luz de las acacias?
¿Por qué tan pocos hombres dicen “gracias”
y reposan felices a tu lumbre?
¿Por qué la nieve sola en la alta cumbre
sin huella de oración? ¿Por qué desgracias
de rebeldías mudas, frías, lacias
apagan en los niños tu alba lumbre?
Tal vez sea el azufre del cinismo
del color amarillo del abismo
que arranca las pupilas y las muerde.
Pero ciegos estamos en la noche
y ocultamos el miedo en un derroche
de vanidad cretina que nos pierde.
