“…tomó pan, lo bendijo y lo dio a sus discípulos…”
Doblada en humildad la cabellera
de tu espiga que reza en fe dorada,
eres el himno de la tierra hollada
y liberas su alma prisionera.
Asceta fiel, te donas en la era,
como mártir fecundo, a la pisada
del trillo que en tu paja quebrantada
quiebra la línea de tu primavera.
Ya eres el grano limpio y amarillo
tan finamente dócil y sencillo
que mezclado y anónimo te viertes
en río dorado que alimenta al hombre.
Por fin renuncias a tu propio nombre
y en blanco río de harina te conviertes.
( Soneto de afecto a la materia de la Eucaristía)
