11/7/21

ENCONTRÉ A JESÚS

 

Gracias, Jesús, tu cálida Presencia

se aloja en mí como mi sangre misma.

El encuentro feliz que deseaba

hace plenos mis días y mis horas.

 

Soy hallazgo de Ti, como las aves

son hermosura en libertad de alas.

Si te miro, me veo en tu mirada;

si me pierdo, sosiegas mis temblores.

 

¿Será el amor la llama que encendiste

en la herida sin Ti de mi vacío?

Desde que tu me habitas, todo tiene

dimensiones novísimas de vida.

 

Se han disipado todas mis preguntas

porque Tú las respondes en silencio.

Los lirios me recuerdan el vestido

que el Padre les regala complacido.

 

Los niños se aventuran a poblarme

con ángeles de nieve inmaculada.

El dolor, desde Ti, Crucificado,

me desprende y me alza en crecimiento.

No me cercan mis límites de tierra

desde que vas conmigo, Dios de Carne.

 

¿Será el amor, milagro permanente,

viviéndome, nutriéndome, creciéndome?

¿El amor que me das desde tus ojos

desde tu voz, desde tu gesto manso?

¿El amor que me enciende para darte

cuanto soy, cuanto tengo y cuanto espero?

 

Cuando Te conocí, perdí mi vida

para encontrarla en Ti multiplicada.

Me alzaste de vivir mediocremente:

Me robaste de mi terca miseria,

incógnita arrogante de minutos,

y me diste los nuevos horizontes

del “cielo nuevo y de la tierra nueva”.

 

Gracias, Jesús, amor de mis entrañas,

que me buscaste y Te perdiste en mí.

Contigo siento filiación divina,

Contigo doy fraternidades cósmicas.

Eres mi Centro, mi Raíz nutriente,

mi vuelo en la Cruz, la Cruz de mi locura

y mi Resurrección de cada instante.

Nunca me prives de tu dulce encuentro

para que sea mi corazón eterno.