Gracias, Dios mío,
porque tu esencia es existir: eres el Sobreexistente.
Gracias por ser el Omnipotente,
el Omnisciente,
el Omnipresente,
el Omnicariñoso,
el Omnimisterioso,
el Omnidimensional.
Gracias por haber descendido - sin descender -
de Ti mismo hasta quedarte - por amor -
a nuestro nivel de hombres.
Gracias por el proceso de este descendimiento
a nuestra naturaleza; Espíritu Santo fecundando
las entrañas de la Virgen.
Gracias por tu crecimiento normal dentro de Ella;
por tu nacimiento,
por tu vida hogareña y laboriosa;
por tu forma de evangelizar
con palabras, miradas y gestos.
Gracias por asumir la muerte de Cruz
y por las palabras pronunciadas desde ella.
Gracias por ser la Resurrección y la Vida
y demostrarlo a la evidencia de nuestros sentidos.
Gracias, Juez Único, porque has de juzgarnos.
Gracias, por alegrarnos con el don de tu Espíritu
Santo que también procede del Padre.
Gracias, por la Iglesia Católica, hogar y garantía
de tu Presencia vivificándonos.
Gracias, por la cálida compañía y ayuda
de tus amigos los Santos.
Gracias, por lavarnos cada día con tu perdón.
Gracias por el prodigio de nuestra carne resucitada al final de los tiempos.
Gracias por el presente feliz e imperecedero Contigo en la vida eterna.
