Me conmueve tu sueño sosegado
sobre el frío profundo de la muerte.
¡Qué nos quieres decir? Sólo con verte
el corazón se siente cautivado.
Estaremos, mirándote, a tu lado,
¡oh Niño prodigioso de la Suerte!
viviremos en Ti, para tenerte,
con gozos teologales, arropado.
Es Navidad perenne en nuestra casa:
tu cuerpo desvalido nos abrasa
en ansias de donarte nuestra vida.
Tú, tan débil, cobija nuestro sueño,
porque sabemos, Dios, que eres el Dueño
que muriendo, nos da la Sobre-Vida.