Gracias, Señor:
Se me ha quedado corta, en mis relaciones Contigo, la palabra “amigo”.
Eres más que un Amigo.
Me engendras continuamente.
Continuamente me nutres.
Continuamente me alzas.
Estás en la raíces de mi vivir y de mi ser.
Eres mi Padre permanente.
Recibo de Ti mi vida en cada instante.
Por eso hablo con propiedad y soy feliz al decirte:
Padre mío, Dios mío, Vida mía.
Eres para mí mucho más que un Amigo; los amigos son autónomos
aunque se intercomuniquen vida por amor.
Yo me intercomunico Contigo y por amor, pero no puedo
ni quiero vivir sin Ti.
Gracias, Señor, por este saberme criatura permanente tuya.
Gracias, Señor, por esta felicidad en la dependencia de Ti
que me hace libre.
Gracias, Señor, por el agradecimiento
que me brota espontánea y primaveralmente por todo:
- Gracias por la naturaleza hermosa y múltiple;
- Gracias por las personas amigas en familia de fe y cariño;
- Gracias por la Verdad revelada
que culmina en tu Palabra Predilecta
que me enamora crecientemente: Jesús;
- Gracias por la Virgen Madre María,
hermosura del silencio para que llegaras a nosotros de puntillas
y culminación del SÍ a tu Amor para que Te donaras paternalmente;
- Gracias por los Santos, penetrados de tu Gracia,
a quienes poseíste en plenitud porque se dejaron querer por Ti
- Gracias por los Ángeles, criaturas invisibles
radiantes de gratitud, que Te glorifican incesantemente.
Gracias, por todo.
Me fío de Ti.
Te amo.
No soy digno.
Gracias, Amor, gracias.
