Y, después de morir, seguir viviendo:
yo reclinado en Ti, dulce almohada.
Despertar en la luz de tu alborada
eternamente, junto a Ti, latiendo.
En tu pobreza redentora enciendo
mi corazón de tierra vulnerada.
Seré, Contigo, viva llamarada
que comparte la vida redimiendo.
Soñaré como Tú con la esperanza
de que sólo el amor sencillo alcanza
la plenitud del vuelo y de la altura.
Fundiremos los dos nuestro destino
de carne humana y de calor divino
para ser permanente sembradura.
