9/7/21

VIENE DE TI SEÑORA DE LA PEÑA

 

Viene de Ti, cantando por la historia

el río de la luz y de la vida.

Viene de Ti, trayendo la esperanza

que traza los caminos del encuentro. 

Viene de Ti, fluyendo la sonrisa

que nutre ruiseñores de alegría.

Viene de Ti, como de fuente viva

naciendo en las entrañas de la Peña.

Viene de Ti, Magnificat perenne

en el alma gozosa de Brihuega…

 

¡Oh Virgen de la Peña!, certidumbre

de cariño de madre silenciosa:

dadora de consuelos maternales

a los hijos que buscan tu Mirada:

manojos de hermosuras verdecidas

donde el cielo y la tierra se conjugan.

 

Brihuega con tu Nombre se corona

mientras corona tu cariño puro.

 

Los siglos se arrodillan a tus plantas

y florecen tus andas con sus niños,

con sus frentes brillantes de sudores,

con sus manos callosas sembradoras,

con sus gozos y penas enlazados

que bordan el tejido de su fe.

 

Brihuega sabe que tu imagen bella

-entre románica sonrisa de ternura-

es la puerta del gozo permanente

la morena verdad de lo sencillo.

 

Se reclina Tu Hijo confiado

en tu regazo maternal que ofrece

hogares con calor de intimidades.

 

Eres Peña de Dios. Eres asiento

donde reposa la Sabiduría.

 

Predicas teología berroqueña

con sólo ser sencillamente Madre.

Madre donante de perpetua vida;

Madre tejiendo fértil esperanza;

Madre besando las entrañas tristes

cuando el dolor clausura los senderos;

Madre salvando vegetales himnos

en el paisaje de Brihuega hermoso…

Madre. No más ni menos. Siempre Madre

presente en nuestras Bodas de Caná:

las Bodas de vivir y ser estrofas

en el poema de la creación.

 

Con tu presencia, Virgen de la Peña,

nunca faltan los vinos teologales,

nunca faltan las vendas curativas,

nunca faltan alivios nutridotes

cuando -niños llorando- Te invocamos.

 

Señora de la Peña, nuestra Virgen,

nuestra forma de amar al Ser Inmenso

que se nos da con dimensión materna,

nuestro gozo de ser fieles creyentes

con robustez de piedra enamorada.

 

Señora de la Peña, sabedora

de la eterna familia Trinitaria,

alumbra con tu estilo nazareno

nuestras familias hoy tan asediadas,

cultiva en nuestros niños la inocencia,

enseña a nuestros jóvenes el ritmo

del amor verdadero no rendido

a la oscura lujuria de la carne,

llévanos de tu mano, recia y tierna

por el camino de la paz activa,

por la fraternidad del pan partido,

por la ausencia de bélicos metales.

 

Sigue salvando lámparas azules

que disipen las noches asaltantes.

 

Sigue donando hijos de Brihuega,

sembradores de paz y de alegría,

en los campos estériles del mundo.

 

Sigue siendo la Peña, siempre firme

que resiste las iras de la duda.

 

Sigue curando corazones rotos

cuando se quiebra la virtud sencilla.

 

Sigue siendo rosal de la hermosura

que decora el paisaje de Brihuega.

 

Que nunca nos devoren pesadumbres

que olviden tu presencia cuidadora.

 

Que siempre nos alumbre y resucite

el beso maternal de tu Mirada.

 

Gracias, Madre, Señora de la Peña,

la Peña del Amor que nunca muere.