Estrella La llamaste. Tu mirada
prendida en Ella, en Ella florecía.
Te inundó su candor y su armonía
y ensalzaste su luz inmaculada.
Estrella la viviste. Coronada
en tus nidos monásticos lucía.
Su ternura de Madre compartía
el sudor y el fervor de la jornada.
Libando en Ella, tu palabra ardiente
se hizo miel generosa y elocuente
en dulce poesía de campana.
Bernardo de María, tu memoria
decora los caminos de la historia
con la Estrella que enciende la mañana.
