En tus ojos austeros nacen robles:
robles adolescentes, robles viejos,
bosques de roble relatando historias,
escribiendo poemas de granito.
Tu mirada es de roble y no da miedo;
da reciedumbre clara y trascendencia,
por eso son tus hijos de madera
tallada por el sol y por el viento,
por eso su palabra no se quiebra
con halagos de miel hecha sonrisa:
al pan le llaman pan y al vino, vino
y a Dios le llaman Dios y se arrodillan
al pie del campanario de su fe.
Los robles de tus ojos alimentan
su carne de madera caminante:
están de pie tus robles y tus hijos,
buscan estrellas desde las raíces
clavadas en la tierra parda y dura.
Su vida o roble o cruz afirma siempre
eternidad de luz y primavera.
