a fundir mi pobreza en su locura.
Un día me dijo: “Sigue mi aventura”.
Y mi color de barro se hizo nieve.
Vamos juntos los dos. A veces, llueve
y juntos padecemos la conjura
del hombre frío y de la noche dura;
pero la Cruz, fundidos, es muy leve.
La locura de Dios es tan hermosa,
que cada vida se convierte en rosa
abierta, voladora, sonriente.
Por eso soy feliz y, poco a poco,
consigo el doctorado de estar loco,
tan loco como Dios, perdidamente.
