14/8/21

EL PAN DE TU HIJO

 

Nos diste, Padre, gratuitamente

el pan de tu Hijo.

Todo El nos alimenta:

sus palabras, sus gestos y, sobre todo,

sus “locuras”.

Pongo entre comillas la palabra

“locuras”, porque no encuentro

superlativo apropiado

para describir

la forma consumada de su entrega.

 

“Esto es mi Cuerpo”, dijo y tenía

delante el pan de nuestros sudores.

“Este es el cáliz de mi sangre” y

tenía delante el vino de nuestros desvelos.

Ya no podía llegar a más.

Conjugó su Omnipotencia y su Bondad que son las tuyas,

para dársenos en alimento asequible.

 

¿Qué deseáis Tú y tu Hijo?

¿Fundiros con nuestra sangre enferma

para curarnos?

¿Vigorizar los latidos de nuestro

débil corazón tantas veces cansado de amar?

¿Fertilizar nuestras entrañas

con vuestra divina “locura”?

 

Tal vez todo esto y mucho más;

divinízanos

convirtiendo en llama eterna

nuestra sombra pecadora.

 

Yo, Padre, Te prometo

alimentarme de Ti, en el Pan de tu Hijo.

Te prometo comerte,

no despreciar tu banquete.

Encender mi sangre con

vuestra Sangre.

Imitar vuestro compartir

hasta dar mi vida

para saciar el hambre de

mis hermanos.

 

¡Padre! ¡Padre! que todo

nos lo das en tu Hijo,

danos también

el hambre diligente

de amor hasta la locura vuestra

haciéndonos pan de amor.