Antigua y natural como tus rocas
grises y verdes de tejer el tiempo
y de rezar nostalgia y esperanza.
Concuerda tu mirada con el campo
tan hondo de silencio y horizonte.
Siempre vuelan alondras, siempre nacen
tomillos y retamas a tus plantas.
Tal vez, Madre, tu imagen de madera
sea retama, tomillo, roble, roca
que unas manos filiales condensaron.
Fuiste sencilla aquí cuando vivías
entre los muros de nuestra materia
y, en el cielo, sencilla perseveras
y nos miras clemente en esta imagen.
Tienes el corazón entre los dedos
hecho dulce comida de tus hijos;
tienes al Hijo Dios entre los brazos
hecho llamada y bendición de niño.
Yo, poeta, perpetuo caminante
en busca de palabras sin engaño,
confidente del niño y de la fuente
de la ropa callada y del otoño,
me reclino en tu paz, en tu regazo
hecho de hierba cierta y silenciosa.
