Aprendiste el idioma que me alumbra
a nivel de mi carne limitada.
Quisiste hablarme en cercanía de Amigo.
Te hiciste hombre para que mis ojos
evidenciaran tu cariño inmenso.
Y llegaste callado, de puntillas,
en vasija purísima de Madre.
Y Te quedaste permanentemente
hablándome en silencio-Eucaristía.
¡Gracias, Jesús! ¿Por qué, si sólo tengo
un manojo de sombras que ofrecerte?
