Yo, con mis solas fuerzas, sólo sé elaborar tejidos de sombra;
Tú, mirándome, elaboras con mi pobreza tejidos de luz.
Yo sólo puedo ofrecerte la oportunidad de que me regales milagros en cadena:
Tú me los regalas sin pasarme factura.
Yo consumo las horas con mediocridades estériles y, a veces, nocivas;
Tú construyes con mi barro catedrales de esperanza y de hermosura sobre el tiempo.
Yo sólo soy ansias de amor;
Tú floreces en mi amor originante.
Yo…no tengo más, pero me encanta mi ser de criatura para
decirte ¡gracias!
Toma mi corazón diminuto, pero total.
Toma mi deseo de prender en las entrañas de cada hombre tu cariño.
Toma mi respuesta afirmativa a todas las posibilidades de quererte.
Soy Cartujo, salvador de soledades íntimas, en todos los monasterios existentes
y en los que habrían de existir.
Soy Franciscano, en todas las fraternidades cósmicas y en todos los
despojamientos para desposarme con la dama pobreza.
Soy Jesuíta, en todos los frentes de conquista para tu gloria.
Soy seglar comprometido en la santificación de todas las realidades temporales.
Soy niño, en todas las inocencias.
Soy adolescente, en todos los sueños dolorosos de crecimiento.
Soy joven, en todos los ascensos jubilosos.
Soy adulto, en todos los logros de madurez.
Soy enfermo, en todos los Calvarios fecundados por la Sangre de tu Cruz.
Soy anciano, en todos los paraísos de esperanza en Ti.
Toma mi pobreza múltiple.
Toma las sílabas frágiles de mi cariño que sólo saben articular dos palabras:
¡GRACIAS, AMOR!
