Alta como la nieve, candorosa,
palabra virginal, hondo silencio
que lava el corazón de avaros gritos.
Se inunda en Ti la brisa de pureza
y con vuelo de ángel se derrama
en estos sotos blancos, siempre blancos.
Tú nievas la montaña y la llanura,
Montañera que llevas en los ojos
nubes de nieve, milagrosas nubes
siempre tejiendo blancas esperanzas.
Y das calor, tu nieve da calor:
enciende hogares en las viejas casas
y enciende vuelos en los corazones.
Blancos ancianos rezan y reposan
en la blanca promesa de tu manto.
Blancas madres aprenden en tus ojos
a besar blancamente a sus retoños.
Blancos padres fecundan su trabajo
con blancas gotas de sudor honrado.
Jóvenes blancos vigorizan sangre
con ilusión blanquísima de altura.
Niños blancos de blanca arquitectura
regalan su candor de manos blancas.
Montañera de Dios, Virgen de nieve
siempre seremos nieve de tu sierra.
