11/9/21

ESTRELLA DE CASLA

 

Cuéntase que en la falda

de la montaña

una pastora hermosa

pastoreaba.

 

Sus ojos candorosos

se alimentaban

de horizontes azules

y blanca lana.

 

Los enebros, los robles

y las acacias

sostenían en alto

sus alboradas.

 

Creyente era la niña

por eso alzaba

plegarias encendidas

rumor de alas.

 

El sol en las alturas

le regalaba

sonrisas como besos

de luz dorada.

 

Pero llegó el invierno

con sus nevadas

y con sus negras noches

tan alargadas.

 

Una tarde la niebla

se arracimaba

sobre el manto solemne

de la montaña.

 

Caminaba la niña

buscando casas.

Sus ovejas cansadas

y ella cansada.

 

Entonces un suspiro

de sangre alada

puso en alto los gritos

de su mirada.

 

Allá en el cielo oscuro,

inmaculada,

había otra estrella niña

que la llamaba:

 

“No te asustes, pastora,

que estás salvada.

Soy la Estrella que enciende

todas las albas.

 

Los bellos horizontes

de tus montañas

verdecerán por siempre

con mi esperanza.

 

Con piedras de tus campos

haré mi casa.

Seré luz permanente

y Estrella amada.

 

Tú, pastora sencilla,

te llamas Casla.

Yo soy la Estrella tuya,

tu Madre Santa.

 

Cuando vengan las noches

de sangre airada

con crudos ateísmos

atormentadas,

 

tú serás de mis ojos

la niña amada.

Guardaré tus familias

en mis entrañas.

 

Pasarás de esta tierra

a las moradas

donde luce mi Estrella

eternizada”.

 

Y la pastora hermosa

llamada Casla

a los pies de la Estrella

se hizo ermitaña.