No soy, cuando Te nombro, triste escombro
ni soy declive hacia la nada triste.
Tu Nombre me sostiene y me reviste
de júbilo que brota del asombro.
Soy criatura con tu luz al hombro,
con tu Luz en la sangre que me diste.
Soy corazón, cuyo latido insiste
en darte mi vivir cuando Te nombro.
Al nombrarte, percibo tu cariño
y en tu seno de madre soy un niño
feliz que danza alborozadamente.
No me dejes vivir sin que Te nombre.
Quiero ser niño, porque soy el hombre
impreso en tu cariño confidente.
