El Cielo está alto:
sólo se alcanza desde la Cruz.
¡Bendita sea la Cruz!
Tu Cruz Redentora y
mi Cruz pequeñita
que a mí, a veces, se me antoja
desmesuradamente grande.
Sólo la experiencia de Cruz
desprende,
da vuelo,
purifica.
Sólo en el dolor
se calculan exactamente
las minúsculas dimensiones del hombre,
su pobreza.
Sólo sufriendo
se crece
se amplían los horizontes más allá
de los límites de espacio y tiempo.
¡Bendito sea el dolor!
¡Bendita sea la Cruz!,
desde cuya altura,
las batallas de cada día,
sin tumbar la paz interior,
se resuelven en vuelo ascendente
hacia el cielo.
