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12/9/23

ANTES DE SABER QUE CRISTO HA MUERTO

 



 


Nos habita el dolor como los cardos

habitan pertinaces entre las flores.

Dolemos al nacer y con dolores

morimos corderillos o leopardos.

 

Caminos grises y caminos pardos

esperaron nuestra huella reductores

para clavarnos todos los temblores

de su melancolía y de sus dardos.

 

Ni siquiera la erguida arquitectura

de su ceniza sabía, de estatura

al desnudo del Hombre en soledad.

 

El dolor nos acecha crudo y serio

nos atrapa en la red de su misterio

y hasta existir es llaga de oquedad.

19/7/22

CUANDO LLEGA EL DOLOR

 


 

Cuando llega el dolor, se me oculta tu rostro.

Tu mirada en las cosas se me pierde en la niebla.

No asciendo en la palabra de las flores campestres

y soy peso en mí mismo como barro sin al
ma.

 

¿Por qué el dolor me hiere con ausencia de estrellas?

¿Por qué todas las noches se acumulan y gritan?

¿Por qué la muerte aliada con el tiempo que pasa

va robándome espacios de vuelo liberado?

¿Por qué cuando se aleja la cálida presencia

de los seres queridos, de los nobles amigos,

me siento roto y triste, cercado por el llanto?

 

Señor no he comprendido tu vuelo en cruz clavado.

No tengo dimensiones de altura desasida.

He creído quererte en la pura alabanza

o dándote unos versos de gratitud sincera.

 

Pero faltaba el fuego, el golpe de tu fragua

que tomara de nuevo mi chatarra imprecisa

en metal, cuyo temple resistiera erosiones.

 

Señor, libérame de esta pobreza muda y triste.

Dame la fortaleza de tu Getsemaní.

Que asuma tu Calvario, mi cátedra divina

para ser redimido por Ti de mi calvario.

 

He de sufrir, dolerme, pudrirme en la honda tierra

para abrir los caminos de raíces eternas.

He de gustar la sangre oscura del silencio,

de tu silencio fértil nutriendo crecimientos.

 

Pero cuando me llegue ese dolor temido,

aunque yo te sienta envuélveme en tu aire.

Recorre los senderos ansientes de mi sangre.

Sosiega mis entrañas, acércame tu Rostro

aunque note en mi frente clavadas tus espinas.

 

Señor, no tengo nada. Mi pobreza te invoca.

Tú lloraste al amigo con lágrimas amargas

y aliviaste tu llanto volviéndole a la vida.

También yo soy tu amigo muerto en mi soledad,

alíviate haciendo el milagro que espero.

 

27 - Junio -1985

2/2/22

GRACIAS, DIOS MÍO, POR EL DOLOR

 


Gracias, Dios mío, por el dolor.

Adherido a Ti, el dolor me

purifica

redentoramente.

Se hace Cruz,

tu Cruz desprendida

de temporalidad encarcelante.

 

Trasciende el horizonte

de mis cálculos terrenos:

derriba los límites

de mis paraísos efímeros.

23/9/21

DESDE LA CRUZ AL CIELO

 

El Cielo está alto:

sólo se alcanza desde la Cruz.

¡Bendita sea la Cruz!

 

Tu Cruz Redentora y

mi Cruz pequeñita

que a mí, a veces, se me antoja

desmesuradamente grande.

13/9/21

HASTA LA MUERTE EN CRUZ DE TU HIJO


  

Dime, Padre,

Cuando tu Hijo traspasado pronunció la

4ª palabra: “Dios mío, Dios mío ¿por qué

me has abandonado” en dónde Té escondiste?

 

¿Qué inescrutable misterio de donación

paterna Te llevó a permitir para

tu Hijo Predilecto el drama de tu

ausencia? ¿ Querrías, tal vez, enseñarnos

a rezar despojados de Ti?

3/6/21

DOLOR

 


“Dijo a los apóstoles: Seré entregado a los gentiles y escarnecido, insultado y escupido. Me azotarán, me matarán y resucitaré al tercer día. Mas ellos no entendieron nada de esto” (Lc. 18,31)

 

Nos habita el dolor como los cardos

habitan pertinaces entre flores.

Dolemos al nacer y con dolores

morimos, corderillos o leopardos.

 

Espinos grises en caminos pardos

esperan nuestra huella seductores

para clavarnos todos los temblores

en su melancolía y de sus dardos.

 

Ni siquiera la erguida arquitectura

de su ceniza sabia da estatura

al desnudo del Hombre en soledad.

 

El dolor nos acecha crudo y serio,

nos atrapa en la red de su misterio

y hasta existir es llaga de oquedad.

22/2/21

TE DONO MI DOLOR

Te dono mi dolor. Te doy mi llanto

encendido en la dicha de quererte.

Mi corazón contrito se convierte

y se arrodilla y se disuelve en canto.

 

Tu amor, desde la Cruz, callado y tanto

desconcierta mi cálculo y mi suerte.

Quiero morir Contigo y con mi muerte

resucitar del tenebroso espanto.

 

Te dono mi dolor: esta pobreza

de límites de arcilla y de pereza

que me asedia y me tiene prisionero.

 

Nada te pido, Dios, nada Te arguyo;

sólo quiero decirte que soy tuyo

y que, a pesar de mi maldad, te quiero.