Cuando llega el dolor, se me oculta tu rostro.
Tu mirada en las cosas se me pierde en la niebla.
No asciendo en la palabra de las flores campestres
y soy peso en mí mismo como barro sin al
ma.
¿Por qué el dolor me hiere con ausencia de estrellas?
¿Por qué todas las noches se acumulan y gritan?
¿Por qué la muerte aliada con el tiempo que pasa
va robándome espacios de vuelo liberado?
¿Por qué cuando se aleja la cálida presencia
de los seres queridos, de los nobles amigos,
me siento roto y triste, cercado por el llanto?
Señor no he comprendido tu vuelo en cruz clavado.
No tengo dimensiones de altura desasida.
He creído quererte en la pura alabanza
o dándote unos versos de gratitud sincera.
Pero faltaba el fuego, el golpe de tu fragua
que tomara de nuevo mi chatarra imprecisa
en metal, cuyo temple resistiera erosiones.
Señor, libérame de esta pobreza muda y triste.
Dame la fortaleza de tu Getsemaní.
Que asuma tu Calvario, mi cátedra divina
para ser redimido por Ti de mi calvario.
He de sufrir, dolerme, pudrirme en la honda tierra
para abrir los caminos de raíces eternas.
He de gustar la sangre oscura del silencio,
de tu silencio fértil nutriendo crecimientos.
Pero cuando me llegue ese dolor temido,
aunque yo te sienta envuélveme en tu aire.
Recorre los senderos ansientes de mi sangre.
Sosiega mis entrañas, acércame tu Rostro
aunque note en mi frente clavadas tus espinas.
Señor, no tengo nada. Mi pobreza te invoca.
Tú lloraste al amigo con lágrimas amargas
y aliviaste tu llanto volviéndole a la vida.
También yo soy tu amigo muerto en mi soledad,
alíviate haciendo el milagro que espero.
27 - Junio -1985