12/9/23

ANTES DE SABER QUE CRISTO HA MUERTO

 



 


Nos habita el dolor como los cardos

habitan pertinaces entre las flores.

Dolemos al nacer y con dolores

morimos corderillos o leopardos.

 

Caminos grises y caminos pardos

esperaron nuestra huella reductores

para clavarnos todos los temblores

de su melancolía y de sus dardos.

 

Ni siquiera la erguida arquitectura

de su ceniza sabía, de estatura

al desnudo del Hombre en soledad.

 

El dolor nos acecha crudo y serio

nos atrapa en la red de su misterio

y hasta existir es llaga de oquedad.