Gracias, Dios mío, por el dolor.
Adherido a Ti, el dolor me
purifica
redentoramente.
Se hace Cruz,
tu Cruz desprendida
de temporalidad encarcelante.
Trasciende el horizonte
de mis cálculos terrenos:
derriba los límites
de mis paraísos efímeros.
Sólo mi Cruz, Contigo,
me transfigura
y transfigura los seres en mí yo- tuyo.
Da crecer de amor
sin arrogancia ilusa.
Gracias, Dios mío, por
el dolor, Contigo,
que inunda de claridad
las noches oscuras de mi fe.
Gracias, Dios mío, por el
dolor, Contigo,
que alivia mi espera
con esperanza eterna.
Gracias, Dios mío, por el
dolor, Contigo,
que certifica mi amor
como medida auténtica
que me abre el paraíso
de poseerte
sin dolor para siempre.