Toma, Yavé, tu Fruto, mi carne consumada
el Hijo de tu Sombra, de mi sombra nacido.
Voy dándole mi vida, latido tras latido.
Voy dándole mi muerte, espada tras espada.
Te ofrezco mi riqueza de sangre lacerada.
Te ofrezco mi pobreza de cariño encendido.
En el silencio denso de mi denso gemido.
Te doy, junto a mi Hijo, mi vida enamorada.
Haz de mí sembradura de esperanza y de luz.
Fúndeme con mi Hijo al árbol de la Cruz
para que el mundo vea la gloria de Israel.
Hágase en mí el silencio que nutre su Palabra.
Hágase en mí la llaga que me quema y me labra
para sembrarme toda con El y para El.