Supe tu Ser, Amor, antes de darme
la luz de tu Palabra en carne mía.
Mi pensante verdad de criatura
habla de Ti, Origen sin origen.
Tú creas y conservas mis latidos;
e aire que oxigena mi substancia;
el vuelo de mis ojos libadores
de color de las cosas que me envuelven;
el agua que me llueve de tus nubes
y fecunda mi barro adolescente.
Te supe, Dios. Te sé bordando el gozo
del salmo creador que me alimenta.
Existo pronunciado por el alba
de tu Bondad divina.
Ni pensarte podría, si no fueras
Amor que me pronuncia.
Con pensarte Señor y con hablarte,
roturo el huerto de mi ser creado
para acoger tu confidencia íntima.
Antes de que me hablaras con los ojos,
con la voz de tu Hijo en carne humana,
presentía tus besos.
No podría existir si Tú no fueras
intimidad creante.
Existes, Dios. Y tu existir eterno
es amor que sostiene mi existencia.
