Tu silencio no dista de los seres
porque ellos son palabra que pronuncias.
La distancia de Ti sólo es herida
del humano pensar, cuando la duda,
parásito del alma, se sitúa
en el rincón oscuro de la sangre.
Entonces, llegan flechas asesinas
del niño desvalido que nos llama
desde la fe sencilla.
Entonces, la sospecha nos embarga
y se hace dueña del pensar con alas.
Sin alas de cariño, el pensamiento
se aleja de la luz y se oscurece
hasta quedar distante de Tu Vida.
Pero Tú, Creador, no estás distante
de tus seres creados. Sólo eres
habitante invisible que mendiga
su mirada al misterio de tus ojos.
Tus ojos creadores
que siembran y hermosean cada cosa.
Yo Te siento, Señor, tan sin distancia,
que hasta llevas mi pluma para hablarte.
