Gracias, Juan Pablo, Santidad humana,
vértice blanco de la Iglesia viva,
llama de Juan con luz contemplativa,
sólida fe que alumbra la mañana.
Corazón entregado, paz lozana,
esperanza del mundo a la deriva,
fuente de amor que llega desde arriba
y esparce primavera en la besana.
Tu palabra, tu gesto, tu sonrisa,
tu figura de mansa poesía
salva el color perdido de los nombres.
Tienes amor, eres amor y brisa
de paz besando al mundo en agonía.
Papa de Dios y Papa de los hombres.