Que me arranque de mí para quererle.
Que caliente mis labios para hablarle.
Que me funda campana por cantarle.
Que sea payaso para distraerle.
Que me esculpa Sagrario por tenerle.
Que me haga donación para donarle,
que irradie verso para declamarle.
Y que me pierda para no perderle.
Cultiva Tú, ¡oh Madre! mi cariño,
que, aunque soy sacerdote, soy un niño
con débil fuerza y con real pobreza.
Que tu fidelidad enamorada
torne mi pobre ser, mi mucha nada
en palabra de amor y fortaleza.