con un beso de fuego prolongado.
Quedó tu corazón transubstanciado
en el dulce fluir de su corriente.
Amabas con las manos y la frente,
con la raíces de tu pie llagado.
Amabas en silencio concentrado
donde se nutre la palabra ardiente.
Ibas sembrando místicos latidos
con sencillez de flores y de nidos
que reciben calor y luz del cielo.
Tállanos con tu mansa reciedumbre
y préndenos el gozo de tu lumbre
para ser como tú desnudo anhelo.