Gracias también, Señor
porque tengo amigos.
Soy amigo de los hombres:
de estos, cercanos a mi existencia,
con quienes participo de ideas comunes;
y de los otros, llagados por el despiste
en la selva y en la noche
de tu ausencia.
Gracias, Señor, por este rumbo luminoso
en común.
Gracias, por esta lucha en la vida
al calor de tu Vida.
No soy yo solo quien te dice esto:
mis amigos están reflejando,
en estos momentos,
tu “pandilla” trinitaria.
Están enlazando la palabra de los seres
a Ti.
Para nosotros
siempre es primavera,
siempre hay pájaros que gorjean,
y grillos que cantan
y hierbas que brotan esperanza.
Gracias, porque
no somos nada
y lo somos todo:
somos AMIGOS,
reflejos de tu AMOR.
