Digo sí a mi vivir, a tu vivir en mí.
Me inunda en júbilo
la maravilla de tu paso por mis venas.
Soy,
brote tu cariño
para decirte
SÍ, en origen,
sí, Amor.
Gracias.
Sí, gracias
porque jamás seré una posibilidad sin término de existir.
Soy eterno,
aunque todavía me reste jurar tu bandera
con mi muerte en tus manos.
Aunque, a veces, la tentación se suspenda en el vacío,
como pregunta incontestable,
cuando juegas ausencias
con mi niñez indefensa.
Y, cuando interrumpes el proceso de mis células
y sufro,
sé que buscas sólo
el sí tembloroso y más vivo
de mi dolor.
Te lo doy, Señor,
porque intuyo
la sorpresa divina de tu rostro
sonriéndome
a la vuelta de la esquina de tu amistad.
Yo reitero el SI cada segundo
Como el año reitera su flor cada primavera.
un sí, concorde en
plenitud;
un sí, intactamente nuevo;
un sí, en origen.
SÍ, AMOR.
Gracias.