Siempre llena de Dios. Siempre tan llena,
que se hace mar tu corazón de cuna.
Vas brizando las flores, una a una,
con tus pétalos blancos de azucena.!
En tu carne de niña, Dios estrena
sangre de llama, claridad de luna.
Tú lo nutres de Ti como ninguna
flor maternal de nieve nazarena.
Siempre llena de Dios. Y tan sencilla,
que parece normal la maravilla
de dar su carne a Quien creó la tuya.
Tu corazón de Madre transparenta
al Amor que Te cuida y Te alimenta
para que Tú Le cuides. ¡Aleluya!