Gracias, Señor, por no comprenderte.
Adoro tu Incomprensibilidad.
Eres DIOS y en esta palabra-Verdad-Sobreexistente descanso
porque me sosiega tu Infinitud:
ese no tener límites en el tiempo y en el espacio,
o mejor estar fuera de estas categorías nuestras
de criaturas finitas.
No serías Dios, si Te pudiera alojar
en el territorio de mi mente.
Adoro tu Inescrutabilidad.
Amo las oscuridades que me llevan a intuir
tu Verdad Infinita desbordándome.
Gracias, Señor, por esta actitud humilde
que me permite disfrutar mi ser de criatura.
Gracias, por esta alegría íntima de saber
que Tú eres DIOS, la Sobrevida Vivificadora
que me piensa y me pronuncia con amor Infinito.